La
actual RESAD tiene su origen en 1831. Aquel año se da forma al Real Conservatorio
de Música y Declamación, cuya impulsora es la reina María Cristina de
Borbón, cuarta esposa de Fernando VII. La princesa napolitana, gran aficionada
a la música y al teatro lírico, había tenido como uno de sus primeros
gestos la creación en 1830 de un conservatorio de música bajo la dirección
del tenor italiano Francesco Piermarinni. Su intención era poner remedio
al penoso estado en que se encontraba la formación musical.Un año después,
sus consejeros advirtieron a la Señora que la influencia italiana había
dejado fuera de toda protección nuestro teatro de verso, tomándose entonces
la decisión de ampliar el Conservatorio con la fundación de una Escuela
Nacional de Declamación.
Con
anterioridad, Isidoro Máiquez (1768-1820), reconocido por sus contemporáneos
como el más grande intérprete que España pudo tener nunca, ya había denunciado
el decadente y embrutecido panorama actoral y había expuesto la necesidad
de establecer unas enseñanzas teatrales. Su semilla contribuiría a mentalizar
a los asesores reales, aunque algunos, como el meritorio José Manuel de
Arjona, chocarán desafortunadamente con él. Máiquez seguía las pautas
marcadas por Talma, el gran renovador francés de la Comédie Française
La
sede del Conservatorio de Música y Declamación se sitúa en el palacio
del Marqués de Revillagigedo, que tenía su entrada por la calle de Isabel
la Católica y por el número 25 de la plaza de los Mostenses. Sus enseñanzas
comprenden: Declamación, Literatura y Primeras Letras, Religión, Esgrima,
Música y Lenguas. Desde su fundación hasta 1911, los alumnos y las alumnas
cursan por separado. Los primeros profesores son Joaquín Caprara, Carlos
Latorre y José García Luna, compañeros de Máiquez en nuestra escena del
primer tercio del siglo. Los dos últimos recibirán el título de "Don",
algo desconocido en el maltratado universo de los cómicos, pero que desde
aquel momento será el tratamiento que merezcan nuestras más acreditadas
personalidades del teatro. Don Carlos Latorre, consciente de su responsabilidad,
reunirá los apuntes de su experiencia docente en su libro Noticias
sobre el arte de la declamación.
Un
discípulo de don Carlos Latorre destacará en el periodo romántico de la
Escuela: Julián Romea. Gran estudioso de la escena y de su universo, Romea
llegó a plasmar sus ideas en dos tratados que deberían ser motivo de consideración
por parte de nuestros estudiosos: Manual de declamación e Idea general
sobre el arte del teatro, textos en los que, frente a las tesis de
Diderot, defiende lo "vivencial" en la representación, llegando
a enunciar conceptos tan actuales como el de "la verdad" del
personaje.
En
1850, tras inaugurarse el Teatro Real con La favorita de Donizetti,
se decide que el Conservatorio sitúe su sede en el amplio salón de baile
del primer piso de la parte posterior, con grandes ventanales a la plaza
de Isabel II. En 1867, durante unos ensayos, se produce un incendio en
el escenario que es sofocado con rapidez, pero que mantuvo cerrado un
mes el teatro. Se inicia entonces un periodo de calamidades que culminan
con la reducción de profesores y de presupuestos en la revolución que
un año después, agosto de 1868, destrona a Isabel II. Durante este periodo
provisional es nombrado Baltasar Saldoni director del Conservatorio. Transcurridos
seis meses le sucede Emilio Arrieta. El presupuesto en aquel momento es
insignificante y el claustro de profesores lo forman 12 docentes. Con
tesón y entrega, Arrieta conseguirá ir normalizando y aumentando la dotación
del Conservatorio hasta lograr, durante la Restauración, una dotación
de 40 profesores. En Declamación ocuparán las cátedras José Valero, Teodora
Lamadrid y Matilde Díez, viuda de Julián Romea.
En
1911, por Real Decreto de 11 de Octubre, se promulga el reglamento del
Real Conservatorio de Música y Declamación, estableciéndose para la sección
teatral las enseñanzas oficiales de Declamación Práctica, Indumentaria,
Historia de la Literatura Dramática, Esgrima y Solfeo. Este reglamento
y sus enseñanzas permanecen vigentes hasta la Segunda República.
A
finales del curso 1924-25, el arquitecto conservador del Teatro Real da
la alarma de que el edificio amenaza ruina. En octubre de 1925, una gran
grieta, que había aparecido en la fachada de la calle Vergara, rompe la
instalación de agua y propaga la alarma general, que culmina con la necesidad
de desalojo. De nuevo la música y el teatro quedan huérfanos de edificio.
La siguiente sede será el Teatro de la Princesa que, con la muerte de
María Guerrero y posteriormente de Fernando Díaz de Mendoza, se convierte
en el Teatro Nacional María Guerrero. Éste albergó el Conservatorio hasta
su traslado al Palacio del banquero Baüer, situado en la calle San Bernardo
esquina Pez.
El
14 de abril de 1931 es proclamada la Segunda República, y el cambio de
denominación del Conservatorio no se hace esperar: Conservatorio Nacional
de Música y Declamación.
Recién
acabada la guerra y restaurado su antiguo nombre, las clases comienzan
de nuevo en el incómodo palacio de San Bernardo. Un nuevo profesor, con
una cátedra conseguida por méritos de guerra, entra en el Conservatorio:
Fernando Fernández de Córdoba. En la plantilla de estos años figuran Ricardo
Calvo y su yerno Guillermo Marín. Este último ocupa la plaza de Caracterización,
aunque imparte, en realidad, Declamación Práctica.
Por
un decreto de 11 de marzo de 1952, la sección de Declamación del Real
Conservatorio pasa a denominarse Real Escuela Superior de Arte Dramático.
Guillermo Díaz-Plaja, profesor de Historia de la Literatura Dramática,
es el promotor incansable de la reforma y pasa a convertirse en director
de la nueva Escuela. Su mandato marca las líneas de lo que sería el centro
hasta su traslado de nuevo al Teatro Real en 1966 y hasta la siguiente
reforma de 1967, que no será otra cosa que la plasmación de los cambios
auspiciados por el influyente catedrático. El plan de estudios de 1966
comprendía las siguientes materias impartidas en tres años: Dicción y
Lectura Expresiva, Mimodrama, Interpretación, Prácticas Escénicas, Historia
del Traje, Ambientación Escénica, Cultura Dramática, Historia del Teatro,
Historia de la Cultura, Psicología del Gesto, Caracterización, Historia
de la Interpretación y Prácticas de Acomodación Interpretativa a las Técnicas
de la Televisión y Radio. Debido al crecimiento de la sección de Danza,
se decide establecer unos estudios especiales para ella. Así la Escuela
sufre una nueva reestructuración académica y pasa a denominarse Real Escuela
Superior de Arte Dramático y Danza por decreto de 16 de marzo de 1967.
Desde
1966 hasta el 21 de diciembre de 1990, la sede de la Escuela permanece
junto al Conservatorio Superior de Música en el Teatro Real. Cuando el
Ministerio de Cultura decide empezar las obras de rehabilitación, se adapta
como sede provisional un colegio municipal, llamado República Argentina,
situado en la calle Requena, en plena Plaza de Oriente. Mientras, se irá
realizando el proyecto de un edificio propio para la RESAD en un solar
situado al comienzo de la Avenida de Nazaret, muy cerca del Retiro.
En
pleno traslado a Requena, se produce la segregación de la sección de Danza
para crear lo que actualmente es la Escuela Profesional de Danza. Por
tanto, a partir del 23 de noviembre de 1990, la institución vuelve a llamarse
Real Escuela Superior de Arte Dramático.
Por
otra parte, el 3 de octubre de 1990, se aprueba la Ley Orgánica de Ordenación
General del Sistema Educativo, la denominada LOGSE, y en su contenido
se especifica que las enseñanzas de Teatro pasan a ser de rango universitario.
Los reales decretos de 26 de junio y 1 de agosto de 1992 dictan normas
y establecen el currículo de las enseñanzas de Arte Dramático. A partir
de ese momento, se pueden estudiar en la RESAD tres especialidades con
sus siete recorridos: Interpretación (en cuatro recorridos), Dirección
de Escena y Dramaturgia (en dos recorridos) y Escenografía.
Larga
es la nómina de primeros actores y buenos profesores que han pasado en
casi ciento setenta años por las aulas de nuestra primera escuela de Teatro.
A los ya citados, hay que añadir a Joaquín Arjona, Fernando Díaz de Mendoza,
los catedráticos de declamación Antonio Vico y María Tubau, los actores
Manuel Dicenta y Mercedes Prendes, el profesor Hermann Bonin, William
Layton, el profesor invitado Roy Hart, el autor Miguel Romero Esteo, Francisco
Nieva, Miguel Narros, José Estruch, José Monleón, Julio Castronuovo,
Marta Shinca, Elvira Sanz, Pilar
Francés, Antonio Malonda y, finalmente, los últimos directores de la
RESAD: Francisco García Pavón, Ricardo Doménech (en dos ocasiones), Rafael
Pérez-Sierra, Maruja López, Lourdes Ortiz, Miguel Medina Vicario, José
Luis Alonso de Santos, Juan José Granda, Ignacio García May, Ignacio Amestoy y el actual Ángel Martínez Roger.
El
último hito histórico de la RESAD ha tenido lugar recientemente: el 16
de marzo de 1998, fecha de inauguración de su definitiva sede. El acto
contó con la presencia de la infanta doña Cristina Cristina, como
la reina fundadora y significó el mejor reconocimiento público de
unos estudios recientemente elevados al rango universitario.
Extractado
de: Juan José Granda, Historia de una Escuela Centenaria, Madrid,
RESAD, 2000